Desperdicio

¿Ves estas tres peras? Pues una de ellas va a terminar en la basura sin que nadie la use como alimento. Es el desperdicio, un grave problema a escala mundial en el que el mundo rico infrautiliza y desperdicia recursos mientras que otra parte del mundo muere de hambre por no poder tener acceso a ellos.

alimentos sanos

Comencemos por los datos

En España el desperdicio alimenticio se cifra en 7,7 millones de toneladas por año. Entre un 30% y un 50% de los alimentos comestibles acaba siendo desechado. El 80% se deshecha como alimento sin procesar (es decir, tal y como se adquirió), mientras que tan solo un 20% corresponde a lo que no se ha consumido una vez cocinado.

España es el séptimo país de la Unión Europea que mas alimentos desperdicia. Un poco mas del 40% del desperdicio corresponde a los hogares. Casi otro tanto a la industria alimentaria. Los restaurantes contribuyen con un 14% de esos 7,7 millones de toneladas y finalmente la distribución y el comercio son responsables del 5% restante.

¿Y cual es el tipo de alimento que mas tiramos? Pues las frutas, las verduras y el pan fresco.

Parte de estos datos se dieron a conocer recientemente por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (MAGRAMA) en el marco del primer debate multisectorial sobre el desperdicio de alimentos en España, auspiciado por la OCU. También se publicó una cifra alentadora: en los primeros seis meses de este año hemos desperdiciado un 2,4% menos que en 2015. Pero dado el problema que supone a nivel económico, social y medioambiental, estamos lejos de alegrarnos por ello.

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A nivel mundial se desperdician 1.300 millones de toneladas al año. Según la FAO con esta cantidad se podría alimentar a 2.000 millones de personas. Pero los alimentos son productos perecederos y no se pueden transportar a tiempo desde los lugares donde sobran a aquellos en los que tanta falta hacen.

Las causas

No damos suficiente valor a un alimento, por que su coste no es muy alto (en este lado del mundo) y esto es la principal causa que nos hace generar tanto desperdicio. La segunda son nuestros hábitos de consumo. Queremos pasar poco tiempo aprovisionándonos de alimentos. Las grandes superficies nos permiten hacer una compra para varias semanas y a veces para el mes entero. Los packs son demasiado grandes. Los productos que se ponen en los lineales de venta son los que tienen un ciclo de caducidad mas corto, … Y sobre todo compramos mas con los ojos que con la cabeza.

¿Eres joven y vives solo? Eres el prototipo del gran derrochador de alimentos. Sin embargo una familia con varios hijos es el paradigma del aprovechamiento. ¿Eres el que hace la compra pero trabajas fuera de casa? desperdicias mas. ¿Jubilado o parado? aprovechas gran parte de la comida que adquieres.

desperdicio

Pero aparte de los estereotipos anteriores, la cantidad de desperdicio alimenticio generado depende mucho de nuestra forma de ser. 3 de cada 10 consumidores se definen como reaprovechadores. Son personas concienciadas que hacen todo lo que está en su mano para minimizar el número de alimentos que acaban en el cubo de la basura. Hay otro grupo de eco-consumidores, que además se preocupan por consumir alimentos ecológicos y de realizar un consumo sostenible, primando a los productores locales. Este grupo representa un 16% del total de consumidores.

En el orto extremo tenemos a los consumidores caprichosos, que compran de forma irreflexiva y sin ninguna planificación. Lo veo, me apetece, me lo llevo. Suponen un 16% de los consumidores y generan gran parte de los desperdicios. Otro grupo numeroso que engloba a 2 de cada 10 consumidores lo podríamos denominar los generadores de basura. Minuciosamente guardan las sobras de la comida para otra ocasión, pero como no le dan prioridad en su consumo, esta comida acaba en la basura.

El grupo restante (otro 16%) son personas en las que a la hora de consumir miran sobre todo el precio. Aunque planifican sus compras, corren el riesgo de comprar alimentos con una menor vida útil, pero en general no son grandes derrochadores.

Las soluciones

Cada eslabón de la cadena alimenticia tiene que poner de su parte si se quiere reducir el desperdicio. Como consumidores nuestra mejor herramienta es nuestro cerebro. Hay que organizar y planificar. Cocinar pensando en el número de raciones que generamos y en cuándo las vamos a consumir. Lo que no se vaya a consumir de forma inmediata es mejor congelarlo. Organizar los productos en la nevera y en la despensa de forma que sean los mas nuevos los que se vayan al fondo y usemos antes los que tienen un periodo de vida mas corto. Planificar los menús y comprar de acuerdo a ésto, ¡¡no al revés!! Hacer la compra en base a una lista que hayamos elaborado antes (por que tenemos un plan de menús ¿recuerdas?). No dejarse llevar por una oferta 3×2 de un producto del que solo solemos consumir una unidad.

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No compres para todo un mes. Será mas fácil equivocarse. Si tienes tiempo compra una vez a la semana en una gran superficie y compra los alimentos mas fresco a diario en los mercados de proximidad. Y si andas corto de tiempo tienes infinidad de soluciones a través del comercio electrónico para abastecerte con frecuencia de los productos que sueles consumir. Y dentro de no mucho le podrás enseñar a tu nevera a que te haga la compra.

Iniciativas solidarias

A pesar de todo es prácticamente inevitable que generes desperdicios que otros podrían aprovechar. Para esto están surgiendo iniciativas como la Nevera Solidaria, una idea que se gestó hace mas de un año en Galdakao (Vizcaya) y que debido a su éxito ha inspirado a otros muchos lugares con iniciativas similares.

La idea es simple: consiste en instalar un frigorífico en un lugar público (directamente en la calle o en algún centro público) y dejar que la gente actúe. Comercios, entidades y particulares actuarán como depositantes, dejando alimentos en buen estado para el consumo. Los receptores tienen plena libertad de abrir el refrigerador y aprovisionarse de lo que necesiten.

comer sano

Fuente: facebook.com/neverasolidaria

La nevera se vacía todo los días para asegurar que los alimentos disponibles estén en buen estado. A pesar de lo que podamos creer, los receptores de estos alimentos no suelen ser personas en riesgo de exclusión social sino ciudadanos de a pié que coyunturalmente aprovechan la oportunidad de obtener comida gratis. Los creadores de esta iniciativa calculan que cada nevera consigue que unos 300 kilos de alimentos no acaben en la basura.

A pesar de la buena idea, la legislación no ayuda a las iniciativas que tratan de reaprovechar los sobrantes de la cadena alimenticia. Un supermercado se encuentra a diario con una serie de artículos con un ciclo de vida (caducidad) tan corto que ningún cliente estará dispuesto a pagar por él. Sin embargo el producto está en perfectas condiciones de consumo si éste se hace en en el corto plazo. Los supermercados tiran al contenedor de desperdicios estos alimentos ante la atenta mirada de personas que no tienen recursos para comprarlos. ¿No sería mas lógico que el supermercado los donase? Según la legislación española, al donarlos se hace responsable civil de cualquier problema generado tras su consumo. Sin embargo al arrojarlos al contenedor los deja en una situación de abandono y el que los consuma lo hace bajo su propia responsabilidad.

¿Tiene razón de ser esta legislación en un país donde un 30% de los alimentos está condenado a convertirse en basura mientras que cada vez mas parte de la población no dispone de recursos para comprar alimentos?

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